
Cuidar un trozo de tierra, un jardín, es mucho más que sembrar, plantar, podar, arrancar malas hierbas o regar. Es sentirse parte de la naturaleza; relativizarse, diluirse en un todo más grande, entrar -aunque sea por instantes- en la rueda de la vida y participar de una dicha que nos trasciende.
Entre belleza y deterioro, este libro se convierte en una guía sentimental y una llamada: sólo se cuida lo que se ama, y sólo se ama lo que se conoce. Y el autor, que ha visto su pequeña parcela en Era Alta despertar, florecer y dormirse tantas veces, sabe que este huerto-jardín, más que suyo, es de todos ellos: las plantas y animales visibles y los invisibles, los que nacen, los que pasan y los que volverán.
Diario de un huerto-jardín es al mismo tiempo diario, crónica y guía de la huerta de Murcia: costumbres, gentes, habla, flora, fauna, gastronomía, agricultura y cultura; y podría haberse escrito en cualquier otra vega de España, porque todas laten en un mismo devenir. Con el tiempo, además, ganará otro valor: el de testimonio, cuando muchas de las escenas que aquí se recogen hayan dejado de existir. Un libro para atesorar, para regalar a amigos -o a quienes vienen de otras tierras_ y quieran conocer el corazón que todavía late en la huerta de Murcia.